De eso se trata esta historia. De despertar, de distinguir entre la realidad y sueño.Si tu vida es sueño alguien se apodera de ella. Hay que distinguir entre vivir tus sueños y soñar con una vida irreal.Para despertar de ese sueño que nos anestesia hay que volver a creer. Despertar es salir de tu bunker, de esa habitación donde te encerrás para no vivir la vida. Despertar es romper la burbuja, salir de la placenta donde estamos tan cómodos. Despertar es aceptar que la vida a veces duele. La vida puede ser un sueño, un somnífero, una cárcel. Despertar es encontrar la llave.Cuando uno despierta de una pesadilla agradece que haya sido un sueño, pero cuando la vida te golpea desearías estar soñando. Podés no distinguir si estás despierto o dormido pero sabés perfectamente que es una pesadilla.Sin sueños, la vida no tendría sentido. Pero vivir en un sueño, en una ilusión, no es vivir. Vivir despierto significa que el dolor duela, sin anestesia, y que la felicidad nos mantenga con los ojos bien abiertos.La vida real, la de verdad, empieza cuando abrimos los ojos y dejamos de soñar.
Un sueño que te anestesia no puede ser bueno.Soñar a veces es una manera de no vivir. A veces soñamos que tenemos eso que en la realidad no podemos tener. ¿Quién quiere despertar de ese sueño?Un sueño hecho realidad es una contradicción. Un sueño es sueño, y la realidad es real.Es más fácil creer a alguien que te dice que va a estar todo bien aunque sea una mentira que a alguien que te dice la verdad aunque no sea tan soñada. Una realidad que duele se cura con más realidad, nunca con negación. Los sueños se rompen como un cristal ante la realidad.Los dulces sueños tienen un único objetivo, tapar lo amarga que puede ser nuestra realidad.Los dulces sueños están hechos de ilusión, de todo lo que no es real. Y la ilusión está hecha de dulce olvido, olvido de la amarga realidad.
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