Encontrarle un sentido a todo esto no es fácil. No es nada fácil, entender que necesidad tenemos de subirnos a un bondi lleno de gente, afixiándote de calor, aguantando olores, sin poder sentarte, después llegás al colegio o al trabajo, le ves la cara a esa persona que no te bancas, tenés que soportar a tu jefe o a tu preceptor que como tiene un mal dia tiene pasaje gratis para hacerte el día díficil, vas al búfet o a la confiteria y hacés una cola tremenda para comprar un alfajor y cuando lo compraste se te terminó el receso, salís y tenés que esperar el colectivo que tarda media hora más porque a algún inconciente se mandó a cruzar la barrera baja, el tren lo atropelló y se atrasó todo, subís al bondi y a los cinco minutos de que te sentás te parás indignado de la quinta fila de asientos porque nadie de los de adelante le dejó el asiento a una embarazada, o a un nene de cinco años, llegás a tu casa y tenés a tu mamá que te dice que le falta harina o a tu hijo que te pide que lo ayudes a hacer la tarea, te vas a acostar mirando un partido de fútbol y el equipo del que sos hincha pierde por goleada, y ahí decimos "qué día de mierda", "¿por qué a mí?", te estresa esa cotidaneidad, y no queres saber más nada con ir a trabajar o a estudiar, o con tomarte un bondi. Lo único que querés es irte a una cabaña alejada de la civilización y tomar mate en silencio o ir a mojarte los pies en el mar, pero ahí pensás y decís "es 23 de abril recién". Pero con el tiempo, con las malas pasadas o con las cosas muy buenas te das cuenta que hay miles de cosas para sonreir, y que muchas de esas cosas que no te dejaban hacerlo, no tienen importancia, y no tiene por qué quitarte esa sonrisa.
Entonces, tenemos que ir por la vida sonriendo, poner una mala cara si se atrasa el colectivo pero seguir sonriendo. Llorar si es necesario cuando tu equipo pierde o putear cuando tu ídolo se morfa un gol y después volver a sonreir. Agarrarte la cabeza si no te sale un ejercicio de matemática, y después sonreir. Quejarte si te duele la cabeza, pero sonreir. Sonreirle a un nene por la calle o a una señora grande, sonreirle al chofer del bondi cuando subís, sonreirle a tu vecino aunque no te lo banques.
Las pequeñas cosas y gestos cambian tu vida. Si vas por la calle a las siete de la mañana y pasa alguien y te dice "chau hermosa" te alegra aunque sea un ratito de la mañana, te hace sentir bien. Agarrar a un bebé a upa y que sonria te puede cambiar la mañana. Prender la tele y ver que una nena nació en medio de un terremoto te puede hacer sonreir.
Y si no tenemos un motivo especial SONREIR IGUAL.
Porque cada uno con el tiempo le encuentra el gustito a vivir. A cada uno hay algo o algunas cosas que lo hacen feliz, capaz alguna vez lo haga enojar o entristecer, pero en otra ocasión te hace alegrar.
Que te mande un mensaje esa persona especial diciendo "¿como estás?", "suerte", "cuidate", o "un beso", eso también te hace sonreir.
Levantarse y cantar, tomarse unos mates, y reirse mirando la tele. Ir al colegio o al trabajo y sonreir, reirse, no perder la luz de la niñez jamás, disfrutar la vida, al máximo y con Toda la gente que nos interesa, porque nunca sabemos lo que puede pasar mañana. Abrazar, dar besos o "palmaditas en la espalda", algo que demuestre el cariño hacia el otro y aceptar que nos demuestren el cariño que sienten por nosotros.
Un poco de todo eso es la vida.
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